Los niños están expuestos a las marcas, a los productos, a los anuncios y a las decisiones de compra y, de hecho, no en pocas ocasiones ellos mismos son una parte decisiva e importante de todo el proceso que está ligado al consumo. Los estudios han ido señalando cómo, en los últimos años, los deseos de los niños y sus intereses son cada vez más tenidos en cuenta a la hora de tomar decisiones de compra y a la hora de decantarse por un producto o por otro.
Pero los niños no solo tienen un impacto en lo que sus padres compran o no o en los hábitos de consumo en los hogares, ya sea de forma directa, como cuando piden algo en una tienda, o indirecta, cuando se toman decisiones de consumo pensando en ellos, sino que ellos mismos son consumidores con entidad propia. Sin embargo, el consumo no es exactamente algo innato. A la hora de aprender a comprar y a la hora de interiorizar ciertos parámetros en relación con las marcas y las empresas y con los canales de consumo, los niños tienen que adquirir ciertos conocimientos.

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Y ¿cómo se aprende a consumir? El proceso es el que en inglés se conoce como consumer-socialization, socialización del consumo. Este es el proceso que permite a los niños ir adquiriendo los conocimientos, las actitudes y las habilidades para consumir en el futuro (y en el presente). La socialización del consumo está marcada por el entorno en el que se mueven los niños y, especialmente, por el papel de sus padres. Igual que enseñan tantas otras cosas, los padres dan a sus hijos lecciones sobre cómo consumir.

Algunos estudios han señalado que el papel de los padres es determinante, ya que son el principal elemento socializador en términos de consumo hasta que el niño cruza la frontera de la adolescencia. Esto quiere decir que la mayoría de lo que aprendemos sobre el consumo durante nuestra infancia lo hacemos de nuestros padres y, sobre todo en un primer momento, de nuestra madre, que según los estudios es quien en las primeras etapas de la infancia tiene una mayor influencia sobre el niño-consumidor. Los niños prenden viendo a sus padres consumir y recibiendo de estos un refuerzo negativo o positivo a sus respuestas en consumo.