El marketing estratégico no garantiza el éxito, pero su ausencia asegura la falta de escalabilidad. En esta guía para dueños de negocios y equipos de marketing, analizamos cómo el marketing estratégico actúa como el sistema operativo de una marca para transformar acciones aisladas en resultados medibles.
Cuando una marca carece de un plan de marketing estratégico, su crecimiento depende del azar. Este artículo detalla un marco de trabajo basado en la investigación de mercado, el posicionamiento competitivo y la segmentación de audiencia.
A continuación, exploramos los tres pilares fundamentales para implementar una dirección clara que priorice la rentabilidad sobre la operatividad reactiva. En resumen: te contamos cómo estructurar un modelo de marketing que alinee tu objetivos comerciales con la ejecución táctica para maximizar la eficiencia operativa.
Contenido
¿Qué es el Marketing Estratégico?
El marketing estratégico es la parte del marketing que se enfoca en pensar antes de actuar. Analiza el mercado, identifica oportunidades, define a qué público conviene apuntar y establece el posicionamiento que una marca quiere sostener en el largo plazo.
A diferencia del marketing operativo —que se ocupa de las acciones del día a día— el marketing estratégico define el rumbo del negocio (en la siguiente sección vamos a analizar en detalle la diferencia entre marketing operativo y estratégico). En síntesis, el marketing estratégico es la brújula que ayuda a decidir qué vale la pena hacer y qué no, según los objetivos del negocio, y responde preguntas como:
- ¿Dónde está el negocio hoy?
- ¿Qué lugar queremos ocupar en la mente del cliente?
- ¿Qué hace única a nuestra marca y cómo vamos a comunicarlo?
Cuando estas decisiones están claras, todo el resto fluye de manera orgánica: desde el tono de la comunicación hasta la inversión en medios.
Diferencia entre Marketing Estratégico y Marketing Operativo
Una de las confusiones más habituales en marketing es pensar que estrategia y operación son lo mismo. Aunque están profundamente relacionadas, cumplen funciones muy distintas dentro de un negocio, y de ahí las diferencias entre marketing estratégico y operativo.
El marketing estratégico, como vimos, se ocupa de definir la dirección hacia la que debe dirigirse el negocio con sus acciones. Analiza el mercado, identifica oportunidades, decide a qué público conviene apuntar y establece el posicionamiento de marca que se quiere sostener en el tiempo. Es una mirada de mediano y largo plazo, orientada a tomar decisiones que ordenen todo lo demás.
El marketing operativo, en cambio, se enfoca en la ejecución. Incluye las acciones concretas en lo cotidiano: campañas, contenidos, anuncios, lanzamientos, piezas gráficas y activaciones. Su objetivo es llevar a la práctica lo que la estrategia define.
Dicho de otro modo:
- El marketing estratégico responde al qué, por qué y para quién.
- El marketing operativo se ocupa del cómo, cuándo y dónde.
Cuando ambos trabajan alineados, el marketing gana coherencia y efectividad. Cuando se ejecutan acciones sin una base estratégica clara, el resultado suele ser esfuerzo disperso, mensajes inconsistentes y dificultad para sostener resultados en el tiempo.
Objetivos del Marketing Estratégico
El marketing estratégico existe para ordenar, priorizar y darle dirección a todo lo que una marca hace. Sus objetivos no son improvisados ni están pensados para “salir del paso”: funcionan como pilares que sostienen decisiones a mediano y largo plazo.
Entre los objetivos más importantes se encuentran:
- Identificar oportunidades reales de mercado: no todas las oportunidades son para todas las marcas. El marketing estratégico ayuda a entender dónde conviene competir y dónde no, qué tendencias pueden favorecer al negocio y qué comportamientos del consumidor abren nuevas puertas.
- Definir segmentos y públicos prioritarios: hablarle a todo el mundo es hablarle a nadie. Este enfoque ayuda a elegir con claridad quién es el cliente ideal y qué necesita, para construir mensajes y productos que realmente conecten con ese público.
- Establecer una propuesta de valor clara: el marketing estratégico responde una pregunta central: “¿Por qué alguien debería elegir esta marca y no otra?”. Sin una propuesta de valor sólida, toda táctica pierde fuerza.
- Posicionar la marca en la mente del cliente: el objetivo no es solo ser visible, sino ocupar un lugar específico en la cabeza de las personas: innovación, rapidez, confianza, eficiencia, cercanía. Ese posicionamiento ordena y unifica todas las decisiones posteriores.
- Alinear marketing, producto y negocio: el marketing estratégico funciona como puente entre lo que la empresa quiere lograr, lo que ofrece y lo que comunica. Si esas tres piezas no se alinean, ninguna estrategia se sostiene.
Elementos Clave del Marketing Estratégico
El marketing estratégico no es una lista de conceptos aislados: es un sistema que funciona cuando cada elemento se integra con los demás. Estas características del marketing estratégico, en su conjunto, son la base para que una marca tome decisiones inteligentes, coherentes y sostenibles en el tiempo.
1. Análisis del Entorno
Antes de elegir un camino, necesitás entender el terreno. El estudio del entorno incluye estudiar tendencias del mercado, análisis de la competencia, cambios en los hábitos del consumidor y factores económicos o tecnológicos que puedan influir en tu negocio. Este diagnóstico permite anticiparte a escenarios favorables o desfavorables, en lugar de reaccionar cuando ya es tarde.
También implica revisar las capacidades internas de la marca: recursos disponibles, limitaciones, procesos actuales y posicionamiento real. Cuando esta visión interna y externa se combina, el negocio puede tomar decisiones basadas en información y no en supuestos.
2. Conocimiento Profundo del Público Objetivo
Saber “a quién le hablás” no es una formalidad; es una ventaja competitiva. El marketing estratégico va más allá de la edad, la ubicación o el nivel socioeconómico. Busca entender motivaciones, miedos, deseos, barreras y expectativas que influyen en la decisión de compra.
Cuando conocés en profundidad a tu buyer persona, podés diseñar mensajes que conecten con su realidad, elegir canales que realmente usa y crear productos o servicios que resuelvan necesidades concretas. Una buena estrategia empieza por escuchar antes de comunicar.
Marketing estratégico:
No segmentes por edad si puedes segmentar por problema.
Un dolor compartido conecta más que un dato demográfico.
— Weplash⚡️ (@weplash) July 2, 2025
3. Propuesta de Valor
La propuesta de valor es el núcleo de la estrategia. Explica qué hace única a tu marca y por qué alguien debería elegirte por encima de todas las alternativas. No se trata solo de beneficios o atributos: se trata de la experiencia completa que prometés y entregás.
Una propuesta de valor sólida guía las decisiones de comunicación, desarrollo de producto y marketing. Sin ella, cada acción parece desconectada y la marca termina compitiendo únicamente por precio, el terreno más difícil y menos sostenible (para saber más de este tema, podés visitar nuestro post sobre estrategia de precios).
4. Posicionamiento de Marca
El posicionamiento define el lugar que tu marca quiere ocupar en la mente del cliente. No es un slogan ni una frase inspiradora, sino la percepción que construís a lo largo del tiempo con acciones coherentes. Puede basarse en atributos como confianza, rapidez, innovación, simplicidad o cercanía.
Cuando el posicionamiento está claro, la marca puede actuar con intención: todas las decisiones —desde la identidad visual hasta la atención al cliente— se alinean para reforzar esa idea en la cabeza del consumidor.
5. Objetivos y Métricas Claras
El marketing estratégico necesita objetivos que orienten las decisiones. Estos objetivos deben ser lo que se conoce como objetivos S.M.A.R.T.: específicos, alcanzables y medibles. Sin métricas, la estrategia queda en un terreno abstracto donde es difícil saber qué funciona, qué no y qué conviene ajustar.
Medir no es solo revisar números: es interpretar qué dicen esos datos sobre el comportamiento del cliente, el rendimiento de las acciones y la coherencia de la marca. Lo que no se mide no se mejora, y lo que no se mejora pierde valor.
6. Plan de Acción Alineado con la Estrategia
Una buena estrategia se materializa en un plan que define qué se va a hacer, cuándo, cómo y con qué recursos. Este plan debe ser realista, adaptable y, sobre todo, coherente con las decisiones estratégicas previas.
La ejecución no es un trámite: es el momento en el que la estrategia empieza a transformar el negocio. Un plan claro evita improvisaciones, facilita la coordinación entre áreas y ayuda a que cada acción aporte al objetivo general, en lugar de dispersar tiempo y presupuesto.
| Elemento | ¿Para qué sirve en la estrategia? |
|---|---|
| Análisis del entorno | Permite entender el contexto en el que compite la marca y anticipar oportunidades o amenazas. |
| Conocimiento del público | Ayuda a definir a quién conviene priorizar y cómo adaptar la propuesta a sus necesidades reales. |
| Propuesta de valor | Define qué diferencia a la marca y por qué debería ser elegida frente a otras opciones. |
| Posicionamiento | Establece el lugar que la marca busca ocupar en la mente del cliente a lo largo del tiempo. |
| Objetivos y métricas | Ordenan las decisiones y permiten evaluar si la estrategia está avanzando en la dirección correcta. |
| Plan de acción | Traduce la estrategia en acciones concretas, prioridades claras y uso eficiente de recursos. |
Beneficios del Marketing Estratégico
Aplicar marketing estratégico no cambia solo la forma en que una marca se comunica; cambia la manera en que toma decisiones. Cuando la estrategia está clara, el negocio deja de moverse por impulso y empieza a avanzar con intención. Estos son algunos de los beneficios más relevantes:
1. Visión de Largo Plazo
El marketing estratégico permite salir de la lógica del corto plazo y pensar el crecimiento de manera sostenida, con objetivos a largo plazo. En lugar de reaccionar a cada tendencia o cambio de algoritmo, la marca define un rumbo y toma decisiones alineadas a ese objetivo. Esta mirada evita el desgaste de “empezar de cero” todo el tiempo y ayuda a construir valor de forma progresiva.
2. Decisiones más Claras y Mejor Priorización
Con una estrategia definida, elegir se vuelve más simple. No todas las acciones tienen el mismo peso ni el mismo impacto, y el marketing estratégico ayuda a priorizar lo que realmente aporta al negocio. Esto se traduce en menos improvisación, menos dispersión y un uso más inteligente del tiempo y el presupuesto.
3. Coherencia en la Comunicación
Uno de los mayores beneficios es la coherencia. Cuando la estrategia guía el mensaje, la marca comunica con una voz consistente en todos los puntos de contacto: sitio web, redes sociales, campañas, atención al cliente. Esa coherencia genera confianza y facilita que el público entienda quién sos y qué ofrecés.
4. Mejor Aprovechamiento de los Recursos
El marketing estratégico evita inversiones aisladas o esfuerzos de marketing que no están alineados con un objetivo claro. Cada acción tiene un porqué y un para qué. Esto no solo optimiza el presupuesto, sino que también mejora la coordinación entre equipos y reduce la sensación de estar “haciendo mucho para lograr poco”.
5. Capacidad de Adaptación
Paradójicamente, una buena estrategia no vuelve rígida a la marca; la vuelve más flexible. Al tener un marco claro, es más fácil adaptarse a cambios del mercado sin perder identidad ni dirección. La estrategia funciona como ancla: permite ajustarse sin desdibujarse.
Fases del Marketing Estratégico
Aplicar marketing estratégico no es apilar conceptos teóricos. Es un proceso que combina análisis, decisiones conscientes y ajustes continuos. Cada fase cumple una función específica y, cuando se integran, permiten que la estrategia avance con coherencia y sentido.
1. Análisis Situacional
Todo comienza entendiendo dónde está hoy la marca. Esta fase incluye estudiar el contexto externo —tendencias del mercado, movimientos competitivos, cambios culturales, evolución del consumidor— y revisar la realidad interna (recursos, procesos, desempeño histórico, identidad de marca).
El objetivo no es hacer un documento extenso, sino obtener una foto realista del punto de partida. Esta claridad ayuda a evitar estrategias desconectadas de la capacidad operativa o del entorno en el que la marca compite. Una buena estrategia nace del diagnóstico, no de la intuición.
2. Definición de Objetivos
Con el panorama claro, es momento de elegir hacia dónde se quiere avanzar. Los objetivos estratégicos dan dirección y permiten filtrar lo urgente de lo importante. Como vimos antes, deben ser específicos, medibles y alineados al negocio.
Cuando los objetivos están bien planteados, dejan de ser frases abstractas y se convierten en criterios para decidir: qué acciones priorizar, qué canales usar, cuánto invertir y qué esperar de cada iniciativa. Un objetivo claro ordena incluso antes de ejecutarse.
3. Formulación de Estrategias
Esta es la fase donde se define “el cómo”. Cómo vas a competir, cómo vas a diferenciarte, cómo vas a posicionarte y cómo vas a comunicar tu propuesta de valor.
La formulación estratégica no se trata de inventar slogans o elegir un estilo visual: es diseñar el camino que la marca recorrerá para alcanzar sus metas. Es la parte más reflexiva del proceso, donde las decisiones tienen impacto a largo plazo y la consistencia se vuelve un activo fundamental.
4. Implementación del Plan
La estrategia toma vida en la implementación. Acá se coordinan equipos, se asignan recursos, se planifican campañas y se inicia la ejecución del plan.
Una buena implementación no es solo “hacer tareas”; es sostener la coherencia estratégica en cada acción: desde el contenido hasta la atención al cliente. Cuando la ejecución está alineada, la marca avanza sin dispersión y evita perder tiempo en iniciativas que no aportan al rumbo definido.
5. Evaluación y Ajuste
Ninguna estrategia es perfecta desde el día uno. Por eso, evaluar es tan importante como implementar. Implica revisar métricas, observar el comportamiento del cliente, analizar lo que funciona y lo que no, y tomar decisiones basadas en evidencia.
Esta fase convierte a la estrategia en un sistema vivo. No se trata de cambiar todo cada mes, sino de ajustar con criterio para que la estrategia siga siendo relevante, competitiva y sostenible.
| Fase | ¿Qué se trabaja en esta etapa? |
|---|---|
| Análisis situacional | Se diagnostica el contexto interno y externo para entender el punto de partida real de la marca. |
| Definición de objetivos | Se establecen metas claras y alineadas al negocio que orientan todas las decisiones posteriores. |
| Formulación estratégica | Se define cómo competir, cómo diferenciarse y qué posicionamiento sostener en el tiempo. |
| Implementación | La estrategia se traduce en acciones concretas, asignación de recursos y coordinación de equipos. |
| Evaluación y ajuste | Se miden resultados, se analizan aprendizajes y se realizan ajustes para mantener la estrategia vigente. |
Errores Comunes en el Marketing Estratégico
Así como una buena estrategia puede ordenar y potenciar el crecimiento de una marca, ciertos errores frecuentes pueden debilitarla desde el inicio. Muchos de ellos no tienen que ver con falta de recursos, sino con decisiones mal planteadas o con una mirada demasiado cortoplacista.
1. Confundir Estrategia con Acciones
Uno de los errores más habituales es pensar que hacer marketing estratégico es definir un calendario de contenidos o lanzar campañas. Eso es ejecución. La estrategia está antes: define el rumbo, los criterios de decisión y el lugar que la marca quiere ocupar. Cuando se salta esa etapa, las acciones pueden estar bien hechas, pero no necesariamente alineadas entre sí.
2. No Conocer Realmente al Público Objetivo
Suponer qué quiere el cliente sin investigarlo suele llevar a mensajes genéricos o desconectados de la realidad. El marketing estratégico requiere escucha, análisis y validación constante. Cuando el público se define de forma superficial, la propuesta de valor pierde fuerza y la comunicación se vuelve intercambiable con la de cualquier competidor.
3. Plantear Objetivos Poco Claros
Objetivos vagos o difíciles de medir hacen que la estrategia pierda efectividad. “Vender más” o “tener más presencia” no alcanzan como guía. Sin metas claras, es difícil evaluar avances, ajustar decisiones o justificar inversiones. La estrategia necesita dirección concreta para poder sostenerse.
4. No Alinear la Estrategia con el Negocio
El marketing estratégico no puede funcionar aislado. Cuando no está alineado con los objetivos comerciales, el producto o la experiencia del cliente, se convierte en un discurso sin respaldo real. Las marcas más sólidas son las que integran marketing, negocio y operación bajo una misma visión.
5. No Revisar ni Ajustar la Estrategia
El mercado cambia, los hábitos evolucionan y los contextos se transforman. Aferrarse a una estrategia que ya no responde a la realidad es tan riesgoso como no tener ninguna. Revisar, medir y ajustar no implica falta de convicción, sino madurez estratégica.
| Error frecuente | ¿Por qué limita la estrategia? |
|---|---|
| Confundir estrategia con acciones | Genera muchas iniciativas aisladas sin una dirección clara ni objetivos compartidos. |
| No conocer en profundidad al público | Deriva en mensajes genéricos que no conectan con necesidades reales. |
| Plantear objetivos poco claros | Dificulta la medición de resultados y la toma de decisiones informadas. |
| No alinear marketing con el negocio | La estrategia pierde respaldo operativo y se vuelve difícil de sostener. |
| No revisar ni ajustar la estrategia | Hace que el enfoque quede desactualizado frente a cambios del mercado. |
Ejemplos de Marketing Estratégico
El marketing estratégico no vive en documentos extensos ni en presentaciones llenas de gráficos. Vive en decisiones concretas que moldean la manera en que una marca se posiciona, crece y se relaciona con su audiencia. Estos casos muestran cómo una estrategia clara puede transformar no solo la comunicación, sino la esencia misma del negocio.
Apple
Apple es uno de los ejemplos más estudiados, y no por casualidad. Su estrategia no se limita a lanzar productos atractivos: parte de una visión clara sobre el lugar que quiere ocupar en la mente del consumidor. Desde el diseño hasta la experiencia posventa, Apple sostiene un posicionamiento basado en simplicidad, funcionalidad y una estética que habla por sí sola. Cada decisión –colores, materiales, tono de voz, interfaz, tiendas, publicidad– refuerza esa promesa.
El resultado es una marca que no necesita explicar quién es; se reconoce en el acto. Su éxito no depende de tácticas aisladas, sino de una estrategia de largo plazo que se mantiene firme incluso cuando el mercado cambia.
Coca-Cola
Coca-Cola lleva décadas sosteniendo una estrategia basada en un concepto simple pero poderoso: asociar la marca con momentos de disfrute, unión y optimismo. No importa el país, el idioma o la edad: la estrategia global se adapta, pero nunca pierde su esencia. Las campañas varían, pero el posicionamiento permanece. Esa coherencia le permitió atravesar cambios de mercado, transformaciones culturales y variaciones en el consumo sin perder vigencia.
Netflix
Netflix cambió la industria del entretenimiento porque supo leer el mercado antes que nadie. Su estrategia combinó análisis profundo del comportamiento del usuario, anticipación de tendencias y una apuesta fuerte por la producción de contenido propio.
Cada decisión estratégica se alimenta de datos: desde las recomendaciones personalizadas hasta las decisiones de inversión en nuevas series. Y todo se sostiene en un posicionamiento claro: ofrecer contenido relevante de forma fácil, rápida y personalizada. Su marketing estratégico no es solo comunicación: es producto, experiencia y tecnología trabajando como un todo.
Cómo Aplicar el Marketing Estratégico en tu Negocio
Aplicar marketing estratégico no significa hacer todo de golpe ni armar un plan perfecto desde el día uno. Significa empezar a tomar decisiones con más intención y menos impulso. Ya vimos la teoría (las fases), pero estos pasos están pensados para ayudarte a bajarlos a tierra:
1. Analizá Antes de Actuar
El primer paso suele ser el más difícil: frenar. Antes de lanzar nuevas acciones, conviene revisar qué está funcionando, qué no y por qué. Analizar resultados pasados, comportamiento del cliente y contexto competitivo permite detectar patrones y oportunidades que muchas veces pasan desapercibidos en el apuro del día a día. Este momento de análisis es el que evita repetir errores y seguir invirtiendo energía en acciones que no aportan valor real.
2. Definí Objetivos Claros y Alcanzables
El marketing estratégico necesita objetivos que funcionen como guía. No tienen que ser muchos, pero sí claros y alineados al negocio. Definir qué querés lograr —crecimiento, posicionamiento, fidelización, expansión— ayuda a elegir mejor las acciones y a evaluar si el camino elegido tiene sentido. Cuando el objetivo está claro, decir “no” a ciertas iniciativas también se vuelve parte de la estrategia.
3. Construir una Propuesta de Valor Coherente
Aplicar marketing estratégico implica revisar con honestidad qué estás ofreciendo y cómo lo estás comunicando. La propuesta de valor no se inventa: se construye a partir de lo que el negocio hace bien y de lo que el cliente realmente necesita. Este paso suele requerir ajustes, redefiniciones y, en algunos casos, decisiones incómodas. Pero es clave para diferenciarse y dejar de competir solo por precio o visibilidad.
4. Traducir la Estrategia en Acciones Concretas
Una vez definido el rumbo, llega el momento de bajar la estrategia a la práctica. Elegir canales, formatos, mensajes y prioridades, siempre alineados con los objetivos planteados. No se trata de estar en todos lados, sino de estar donde tenga sentido. El marketing estratégico ordena el hacer y evita la dispersión.
5. Medir, Aprender y Ajustar
Aplicar marketing estratégico es un proceso continuo. Medir resultados, analizar datos y ajustar decisiones permite que la estrategia se mantenga vigente y útil. La clave no está en cambiar todo constantemente, sino en aprender de lo que sucede y mejorar con criterio. Así, el marketing deja de ser un gasto incierto y empieza a convertirse en una inversión más consciente.
Tené siempre en mente que el marketing estratégico no es algo que se ejecuta de una sola vez. Se construye con cada decisión que el negocio toma cuando elige pensar antes de actuar.

El Verdadero Valor del Marketing Estratégico
El marketing estratégico no promete atajos ni resultados mágicos. Lo que ofrece es algo más valioso: claridad. Claridad para entender dónde está la marca, hacia dónde quiere ir y qué decisiones conviene tomar en el camino.
En un contexto donde abundan las herramientas, los formatos y las tendencias, pensar estratégicamente se vuelve una ventaja competitiva. Permite dejar de correr detrás de lo urgente y empezar a construir con intención, coherencia y criterio.
Las marcas que apuestan por el marketing estratégico no buscan hacer más ruido, sino tomar mejores decisiones. Entienden que cada acción suma —o resta— y que el crecimiento sostenido no depende de una campaña aislada, sino de una visión que se revisa, se ajusta y se fortalece con el tiempo.
Ahora bien, sabemos que llevar el marketing estratégico a la práctica no siempre es sencillo cuando el día a día empuja a resolver lo urgente. Contar con un aliado que te ayude a ordenar ideas, definir prioridades y transformar la estrategia en acciones concretas puede marcar la diferencia. En ese camino, Conecta361 puede acompañarte para que el marketing estratégico deje de ser una intención y se convierta en una herramienta real de crecimiento. 🚀
Preguntas Frecuentes sobre Marketing Estratégico
El marketing estratégico es un tipo de marketing que define el rumbo general de la marca: objetivos, posicionamiento y prioridades. El marketing táctico, en cambio, se ocupa de ejecutar acciones de marketing concretas como campañas, contenidos o anuncios. Ambos se complementan, aunque sin una base estratégica, las tácticas suelen perder efectividad.
No. El marketing estratégico es igual de importante para pymes, emprendimientos y negocios en crecimiento. De hecho, cuando los recursos son limitados, pensar estratégicamente ayuda a elegir mejor dónde invertir tiempo y presupuesto.
Idealmente, el marketing estratégico se construye de forma transversal. Dirección, marketing, ventas y, en muchos casos, producto o atención al cliente aportan miradas clave. Cuanto más alineadas estén las áreas, más sólida será la estrategia.
El marketing estratégico ayuda a orientar decisiones que impactan directamente en el crecimiento: a qué públicos apuntar, qué propuestas priorizar y cómo posicionar la marca. No garantiza resultados inmediatos, pero crea una base más estable para crecer con coherencia.
Un proceso de marketing estratégico es el conjunto de pasos que una marca sigue para analizar su situación, definir objetivos claros y tomar decisiones alineadas al crecimiento del negocio. No se trata de acciones aisladas, sino de un camino estructurado que permite pasar de la intención a la ejecución con criterio.
Por ejemplo, una empresa de servicios que nota una caída en la demanda puede iniciar su proceso estratégico analizando el mercado y detectando que su público cambió la forma de buscar soluciones. A partir de ese diagnóstico, redefine su público objetivo, ajusta su propuesta de valor y decide concentrar sus esfuerzos en canales de marketing digital más alineados con ese comportamiento. Luego, mide resultados y ajusta el enfoque para mejorar el impacto.
No, no son exactamente lo mismo. El marketing estratégico es el enfoque general que define el rumbo del marketing dentro de un negocio: analiza el contexto, establece objetivos, define el posicionamiento y orienta las decisiones a mediano y largo plazo. Las estrategias de marketing, en cambio, son las líneas de acción concretas que se diseñan dentro de ese marco estratégico.

